Estudiantes de cuarto semestre de INCINE, en etapa de Pos-Producción.

Estudiantes de cuarto semestre de INCINE, en etapa de Pos-Producción.

Los estudiantes de cuarto semestre de INCINE terminaron de rodar sus trabajos finales. Consiguieron locaciones, construyeron escenarios enteros y ensayaron, una y otra vez, con los actores hasta obtener el mejor resultado posible. Y aunque parece que después de rodar el corto está prácticamente listo para mostrarse, aún falta la parte más larga y una de las más difíciles: la postproducción.

Andres Muenala, estudiante de INCINE, sonoriza cortometraje.

Andres Muenala, estudiante de INCINE, sonoriza cortometraje.

Todos están ubicados frente al computador, en silencio y concentrados durante horas mirando una y otra vez el material filmado, encontrando los mejores momentos, desde los más graves, hasta los más ligeros. Daniel Vargas, estudiante de INCINE, irónicamente dice que “…editar es como una cirugía, cada corte tiene que ser preciso para que el paciente salga sano de la operación”. Nunca se puede ser demasiado meticuloso.

Ya han pasado dos semanas de la postproducción y los estudiantes se encuentran en la etapa de sonorización. Para esto cuentan con programas especializados en sonido y equipos en estudios profesionales de sonorización y mezcla para escuchar con el mayor nivel de detalle y precisión.  Los profesores acompañantes escuchan atentamente el sonido y dan sugerencias a los estudiantes para mejorar su proyecto.

Daniel Vargas, estudiante de INCINE, sonoriza cortometraje.

Daniel Vargas, estudiante de INCINE, sonoriza cortometraje.

Sin embargo, mientras todos se encargan del sonido de sus cortos, en una sala de colorización, recluida y solitaria, Martín Kingman se encarga de los efectos especiales de imagen uno de los proyectos. Su trabajo es desenfocar el cuerpo y rostro del personaje principal. Y aunque esto suene extraño, es lo que ha pasado haciendo la última semana: “Es un trabajo complejo porque tengo que animar el desenfoque cuadro a cuadro.” Esto significa que tiene que animar veinticuatro imágenes para lograr un segundo de cine y, por lo tanto, mil cuatrocientas ochenta imágenes por minuto.  Trabajando día y noche sin parar, Martin ha logrado completar dos minutos del corto durante la semana que ha trabajado. El solo se ríe y dice, “ya solo faltan diez minutos más”.

Martin Kingman, estudiante de INCINE, anima un plano de su cortometraje.

Martin Kingman, estudiante de INCINE, anima un plano de su cortometraje.

 

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